La emanación de un néctar
Y así es, lo que Jean Paul Gaultier quería era un grito.
Un deseo completamente de él, inédito y original.
Se precisaba al menos de dos perfumistas para aceptar el desafío: Olivier Cresp y Annick Menardo (Firmenich), que asumieron el reto.
¿Resultado? Un perfume generoso, sensual y sin embargo nervioso. Lleno de brío y de sorpresas, que pone «patas arriba» los códigos clásicos del perfume masculino.
No obstante, como siempre, fiel al respeto de la tradición, toma prestadas de la alta perfumería las materias preciosas.
Los grandes clásicos se descolocan, y ya no saben ni dónde volver la cabeza: el cedro se lo pasa bomba, el pachulí exhuma sus vapores, el vetiver juega a fondo con sus raíces como un eco tribal. Exhalan masculinidad.
Pero no queda ahí, como siempre, juega con las disonancias para crear una fragancia con “guasa”, aristo-chic, sexy y decididamente elegante.
El haba de cacao golosa, afrodisíaca es tratada paradójicamente en amargor gracias a una innovación de Firmenich, el «Nature Print»®.
Juega con las apariencias, confrontando la sensualidad y la frescura de la hoja de higuera.
Un caos explosivo y tórrido armonizado con chispas amaderadas.
Kokorico, un aroma viril y sin complejos.
Un frasco sorpresa
Un frasco negro, un nombre rojo caligrafiado como una firma apasionada y elegante…
Un frasco endiabladamente pícaro y contemporáneo que juega con la tradición de los frascos-escultura.
Trampantojo, doble juego, efecto morphing: silueta sexy del cuerpo de un hombre de perfil, y de frente un hombre pensante.
En cuanto a la famosa lata, ésta ha sido reciclada en una lata de película escarlata glossy, que se apila en torres… Glamurosa, cinematográfica y reutilizable.
No puede pasar desapercibida: roja al igual que un telón de cabaret.
¿Quién dijo espectácular?
Chic parade
Jean Baptiste Mondino, cómplice siempre de Jean Paul Gaultier, firma la campaña.
El marino cede su puesto a un Don Juan completamente asumido.
En el decorado todo el glamour de un estudio de fotos. El hombre se pone en escena. Un tanto pródigo, totalmente fanfarrón.
Soberbio y chic, se dibuja en un blanco y negro mítico y glamuroso; el de las grandes películas, pero con un punto contemporáneo.
Un casting sexy pícaro en torno a Jean Paul Gaultier y Jean Baptiste Mondino
El vasco Jon Kortajarena es quien presta cara y cuerpo a Kokorico.
Súper top model, bomba oriunda de Bilbao, es hoy uno de los modelos masculinos de mayor renombre.
Blanca Li es la coreógrafa de este desfile del deseo. Movimiento flamenco, para avivar la sangre… ¡Con fuerza! el chico transpira sensualidad y deseo de perfume.
Mirwais, pequeño genio del «french touch», estuvo a cargo de las percusiones y de los acentos rockabilly que acompañan el crescendo del grito. Se regocija con esta nueva colaboración con Jean Paul Gaultier.
Con traje ornamentado con plumas, totalmente de Alta Costura y ceñido a la piel, juega al hidalgo pura sangre.
Él se agita, cabecea, se arquea, infla el pecho.
Tenso como un arco, animal, ofrece al espectáculo el alarde del deseo.
Al son de las latas convertidas en tambores, las “gallinas blancas”, con sus vertiginosas botas de mosquetero, se excitan. A punto del éxtasis, aceleran el ritmo de sus percusiones.
Él se pone en posición, separa las piernas, se planta en el suelo, conquistador. Exagera, claro está, y lo sabe; echa el cuerpo y la cabeza hacia atrás. Exhibe su virilidad triunfante y provocativa; el torso toma protagonismo, sus venas palpitan.
Listo para liberar su grito…
¡Con fuerza!, hasta las plumas se caen